Estoy empacando lo poco o lo mucho que puedo llevar de equipaje, nunca hacer maletas se ha tornado difícil para mí, como esta vez.
Periodista de profesión, casada con un misionero; hacer maletas, cambiar de casa se convirtió en modos de vida, al que toda mi familia estaba acostumbrada pero esta vez el boleto no tenía regreso. No sería al otro lado del país o un viaje de trabajo a la selva del Darién, La Mosquitia o el Peten.
Eran las 6 de la tarde miraba mi alrededor lleno de cosas, recuerdos…
Peleando entre el dilema de lo que necesito y lo que deseo llevar. La ropa de mis niños uno de 4 años y mi hija de un año cuatro meses. Esa tarde también estaba seleccionando todas las ideas, temores, prejuicios, principios, teorías que necesitaba para mi viaje , que por capricho decidí no dejar.
Muchos le llaman aculturación; los antropólogos la sitúan como el proceso en el que dos culturas distintas entran en contacto por tiempo indefinido. Si bien es cierto el concepto como tal, tomo vida y se convirtió en un nuevo hijo al que necesitaba cuidar y tratar que su crecimiento en mi mente fuese lo más normal posible, en medio de lo traumático que eso significaba.
Después de cuatro años hoy puedo escribirlo, contarlo, resumirlo, expresarlo.
Cada una de mis experiencias como inmigrante las documente y busque todo los recursos que fueron necesarios para mi adaptación a la nueva cultura fuese lo menos desgastante posible.
Wednesday, February 3, 2010
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